jueves, 9 de abril de 2015

el discurso

Este discurso se pronunció hace tiempo en Méjico. Fue censurado. El caso es que a mi me cuadra punto por punto con la actual situación de nuestro país. Verdades como puños. Es como la si una misma obra fuera interpretada por distintas orquestas.
Y me da por preguntarme: Si aquí en España quedara algún político con capacidad moral suficiente para pronunciarlo en el parlamento, ¿cuál sería la reacción de sus compañeros del hemiciclo? ¿qué dirían los periódicos? ¿Lo silenciarían en las emisoras de radio y tv, o le darían la difusión merecida? Silenciaría el gobierno el mensaje? Me temo que simplemente lo ridiculizarían, mecanismo infalible de desinformación para descalificar cualquier postura contraria a la oficial.
Quién puede alzar la voz para decir que ya está bien, que no se puede seguir dando patadas hacia adelante para aplazar los problemas, pues ello implica agravarlos más. Que todo lo que sea prolongar esta situación es perder un tiempo precioso para cambiar el rumbo equivocado, de absoluta deriva de nuestra sociedad hacia una insalvable corriente que nos estrellará contra las rocas.
Hubo un tiempo que pensaba que la monarquía era la salvaguarda de su pueblo. Hoy el rey no tiene esa capacidad moral necesaria. Está acabado como hombre y como estadista. Si su hijo no asume la responsabilidad histórica que se le presenta, por mi que se vaya con viento fresco a donde le plazca.

mini distopía 02

-Sólo un piconero sabe lo duro que es este oficio- pensaba Telesforo mientras se desplomaba en su sillón tras la caída del sol. Era su momento preferido del día. Cuando los niños cenaban, y mientras su abuelo Pepe, a la luz de unas velas les contaba la historia de cómo conoció a su abuela a través de un antiguo aparato que, según aseguraba permitía, entre otra serie de alocadas fantasías, poner en contacto a personas de todo el mundo mediante algo que él llamaba interné...

mini distopia 01

-Padre. Sabe que prefiero que no le hable a los niños del pasado. A ellos no les hace bien y usted sufre. - Le dijo al anciano. El abuelo Pepe miraba al fuego de la estufa y recordó cuando de niño esa misma estufa calentaba sus tardes de juegos, de primos y de pan con chocolate alli en el porche cubierto. -¡Chocolate! Ese pequeño vicio de su padre. Hacía muchos años que no había cacao fuera de las tiendas para ricos de las grandes ciudades, y su precio era prohibitivo. Eran las consecuencias de vivir en un pais fuera de las rutas comerciales de ultramar...