martes, 30 de octubre de 2012

Hoy mi hijo Pepe ha escrito una breve redacción para el colegio. Me ha parecido sencilla y emotiva, así que la cuelgo aquí. Algún día sé que me gustará leerla de nuevo.



lentejas con lágrimas





El otro día, al volver a casa para comer, oímos a nuestros padres hablar. Discutían acerca de traer a casa un perro. Cuando mi hermana y yo lo escuchamos rápidamente dijimos que sí, que queríamos el perro y que nos íbamos a hacer cargo de darle de comer, limpiarlo y sacarlo a pasear y a hacer sus necesidades.
Por lo visto se lo ofreció a mi padre un amigo por Internet. Lo había encontrado otro compañero de trabajo, abandonado en la carretera la noche anterior. Le había mandado una foto por correo electrónico. Era precioso. Un perro grande, de color canela y grandes ojos marrones. Dijo que era muy dócil y cariñoso. Como él ya tenía un pastor alemán no podía hacerse cargo del animal. Por la mañana lo llevaría al veterinario para que viera si tenía el microchip de identificación.
Cuando volvimos del instituto mi padre estaba serio. Nos dijo que lo sentía mucho, pero que el veterinario, al reconocer al perro se dio cuenta de  que estaba gravemente enfermo. Se estaba quedando inválido de las patas traseras por una enfermedad en la cadera y había que sacrificarlo. Nos llevamos un gran disgusto. Aquel día más de uno comió lentejas con lágrimas.

miércoles, 10 de octubre de 2012

SIN ESPERANZA.

Ayer estuve ayudando al pequeño de mis hijos, 11 años, a estudiar Historia. 

Se centraba la lección en algo tan amplio como el inicio de la civilización humana, su tránsito de unos dos millones y medio de años durante la prehistoria y el nacimiento de la Historia como tal con el nacimiento de la escritura, hace unos cinco mil años. 
Como uno ya va sacándole punta a todo, acabé relacionando los avances de la civilización con los avances tecnológicos. Él mismo llegó a la conclusión de que la historia de la civilización humana es una historia de guerras por el control de los recursos en la que el más fuerte (el que posee una tecnología más desarrollada) es quien se lleva siempre el gato al agua. Realizando una sencilla explicación cronológica acerca del desarrollo y crecimiento de la población, relacionándola con los avances científicos, de nuevo volvió por sí mismo a llegar a la conclusión de que estábamos llegando a un punto en que el crecimiento poblacional estaba por encima de la capacidad física de la tierra de suministrar los recursos que una población por encima ya de 7.000 millones de personas necesitan. La evolución de su gesto a medida que avanzaba en su nivel de conocimiento fue todo un "poema". Acabó callándose, mientras gruesos lagrimones bajaban rodando por sus mejillas.

- Porqué lloras- Pregunté.


- Porque no sé qué puedo hacer yo para evitar algo tan malo- me contestó.


En ese punto, le dije que para eso servía la historia. Para que a través del conocimiento de los errores cometidos por generaciones anteriores, corrijamos nuestra forma de hacer las cosas y evitar así que el futuro, su futuro, no sea un camino hacia la desaparición de la vida tal y como la conocemos, y dotarles de conocimientos suficientes para que puedan desarrollar otras formas de relación y consumo más respetuosas con la Naturaleza. 


- Si vosotros no habéis sido capaces de aprender de la Historia, ¿cómo vamos a ser nosotros capaces de lograrlo?¿Quién tendría que haber hecho caso de los historiadores y no lo hace?.


- Eso es algo que muchos intentamos solucionar, pero no sabemos aun cómo hacerlo.


- Pues creo que es cosa vuestra. Yo lo que quiero hacer a mi edad es ir al colegio y jugar con mis amigos.

Y tiene toda la razón. Les estamos dejando a nuestros hijos un planeta de recursos esquilmados. Una sociedad egoísta y falaz. Unos mecanismos de gobierno que no sirven a la sociedad en general, sino a los políticos y a los poderosos. Y lo peor de todo es que les estamos dejando sin ESPERANZA...