martes, 30 de octubre de 2012

Hoy mi hijo Pepe ha escrito una breve redacción para el colegio. Me ha parecido sencilla y emotiva, así que la cuelgo aquí. Algún día sé que me gustará leerla de nuevo.



lentejas con lágrimas





El otro día, al volver a casa para comer, oímos a nuestros padres hablar. Discutían acerca de traer a casa un perro. Cuando mi hermana y yo lo escuchamos rápidamente dijimos que sí, que queríamos el perro y que nos íbamos a hacer cargo de darle de comer, limpiarlo y sacarlo a pasear y a hacer sus necesidades.
Por lo visto se lo ofreció a mi padre un amigo por Internet. Lo había encontrado otro compañero de trabajo, abandonado en la carretera la noche anterior. Le había mandado una foto por correo electrónico. Era precioso. Un perro grande, de color canela y grandes ojos marrones. Dijo que era muy dócil y cariñoso. Como él ya tenía un pastor alemán no podía hacerse cargo del animal. Por la mañana lo llevaría al veterinario para que viera si tenía el microchip de identificación.
Cuando volvimos del instituto mi padre estaba serio. Nos dijo que lo sentía mucho, pero que el veterinario, al reconocer al perro se dio cuenta de  que estaba gravemente enfermo. Se estaba quedando inválido de las patas traseras por una enfermedad en la cadera y había que sacrificarlo. Nos llevamos un gran disgusto. Aquel día más de uno comió lentejas con lágrimas.

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